Conviene usar IA en tu marca después de definirla, no antes. La IA acelera la exploración y la producción; el problema aparece cuando ocupa el lugar de la estrategia. Sin un concepto propio, la herramienta decide cómo se ve tu marca a partir de referencias ajenas, y el resultado se parece a todo lo demás.
¿Qué es el AI slop?
Es el contenido digital de baja calidad producido en cantidad por medios de inteligencia artificial. Esa es la definición que le dio Merriam Webster cuando eligió slop como palabra del año 2025, junto con The Economist. La palabra existe desde el siglo XV y significaba restos de comida poco nutritivos, de los que se les daban a los cerdos.
Lo más interesante del AI slop es que no se ve mal. Ese es justamente el problema. Puede tener una iluminación impecable, una composición atractiva, una animación fluida o un texto perfectamente redactado y, aun así, transmitir una sensación de vacío. Como si le faltara algo que no se puede agregar con un prompt.
Que dos diccionarios hayan elegido la misma palabra el mismo año dice algo: el hartazgo dejó de ser una intuición de gente del rubro y pasó a ser un fenómeno medible.
¿Qué pasa cuando la IA produce contenido antes que la marca?
El mercado se mueve cada vez más rápido. Muchos productos se desarrollan o fabrican en otros países y empiezan a venderse localmente incluso antes de llegar físicamente. La velocidad de lanzamiento se volvió una ventaja competitiva y, con ella, apareció la necesidad de producir contenido constantemente.
Pero el producto todavía no existe físicamente para el mercado donde se está comunicando.
Entonces aparecen las imágenes generadas con IA. Una, cinco, veinte, cincuenta. Fotografías de producto, videos, escenas de uso, personas interactuando con objetos que todavía no llegaron. No hay nada malo en eso: es una herramienta extraordinariamente útil para visualizar algo que todavía no tenemos.
El problema aparece cuando esa herramienta ocupa también el lugar de la marca. Cuando no hay un branding definido, ni una estrategia clara, ni un concepto detrás, y sin embargo ya se están produciendo cientos de piezas.
La IA necesita referencias para generar. Aprende de todo lo que ya existe, encuentra patrones, combina códigos y propone resultados. Si todavía no definimos qué queremos decir, la herramienta decide por nosotros cómo debería verse.
Y pasa lo predecible: la marca se parece a sus referencias, y sus referencias se parecen a otras referencias, hasta que todo se parece un poco a todo. Estamos usando una tecnología capaz de producir posibilidades infinitas sin haber definido qué hace que una marca sea diferente.
Ese es el momento en que conviene frenar y definir la marca antes de producir.
¿Por qué una pieza puede verse bien y no servir?
El riesgo de esta etapa no es que la IA produzca cosas malas. Es que produzca cosas suficientemente buenas como para que dejemos de hacernos preguntas.
Una imagen puede ser atractiva. Un video puede ser espectacular. Un sitio puede estar lleno de contenido. Si no hay una estrategia, una idea o un punto de vista detrás, todo ese esfuerzo construye muy poco.
Se vuelve evidente en marcas con feeds enteros producidos artificialmente: no aparece una persona real, no hay una fotografía propia, no hay una situación concreta, no hay una voz reconocible. Cada pieza parece pertenecer a la misma biblioteca infinita de imágenes que estamos empezando a ver en todas partes.
Muchas veces ni siquiera podemos identificar que una imagen fue generada con IA. Simplemente sentimos que hay algo demasiado perfecto, demasiado frío, demasiado alejado de una experiencia real.
Para algunas marcas ese lenguaje es exactamente el que buscan, y está perfecto. El problema es cuando esa estética se convierte en la única expresión de la marca y elimina cualquier señal de que hay personas detrás.
Una marca también se construye con esas señales. Una cara. Una voz. Una textura. Una fotografía que no es perfecta. Una situación que parece haber ocurrido de verdad. Una decisión visual que no podría haber salido de otra marca.
La humanización no consiste en hacer las cosas mal. Consiste en que se perciba que hubo alguien ahí.
¿Un feed hecho con IA puede costarte ventas?
Sí, y es donde esto deja de ser una discusión estética.
Hay una diferencia enorme entre una imagen generada para comunicar un producto de bajo valor y un producto que cuesta cientos o miles de dólares. Cuanto mayor es el ticket, mayor es la necesidad de sentir que detrás existe algo real.
Queremos saber que el producto existe, que alguien lo diseñó, que hay una empresa detrás, que podemos encontrarla y hablar con alguien.
Cuando todos los videos parecen generados, todas las fotografías parecen artificiales y nunca aparece una persona real, ocurre algo paradójico: la tecnología que debería ayudar a construir confianza termina generando desconfianza. No porque sepamos que el contenido es artificial, que muchas veces no podemos distinguirlo, sino por una sensación más intuitiva: que el producto todavía no existe, que la empresa está demasiado lejos, que estamos viendo una fachada.
En determinados mercados, esa percepción alcanza para no comprar.
¿Qué es el .POL que propuso Will.i.am?
Un formato de archivo para las obras hechas por humanos: .POL, Proof of Life. Lo planteó en su cuenta de Instagram.
La observación de la que parte es simple: hoy una canción generada por IA y una canción que llevó meses de trabajo terminan convertidas, digitalmente, en lo mismo. Un MP3. Un video generado en segundos y una producción que involucró a un equipo entero son, técnicamente, un MP4. Su idea busca dejar registrada esa diferencia.
Más allá de si algún día vamos a necesitar archivos .POL, la propuesta puede leerse como una reacción frente a una tecnología que hace cada vez más difícil distinguir una obra del proceso que hubo detrás.
Pero el rechazo que estamos viendo no es contra la inteligencia artificial. Es contra la sensación de que todo puede ser generado, y no todo merece serlo. Seguimos buscando una intención, una mirada, una persona detrás. Algo que nos permita sentir que eso que estamos viendo no apareció simplemente porque alguien escribió el prompt correcto.
Para una marca eso es central: si la promesa de la tecnología es generar confianza a mayor velocidad, es irónico que su uso indiscriminado termine generando lo contrario. La confianza se desgasta cuando todo parece intercambiable.
¿Cuándo conviene usar IA en tu marca?
Cuando ya sabés qué querés decir. Ahí la IA amplía las posibilidades creativas y hace mucho más eficiente una parte del proceso. Así la usamos en Oslo: como una herramienta. Nos ayuda a encontrar una idea, explorar una dirección visual, generar referencias, probar alternativas y resolver en minutos tareas que antes llevaban horas. En IA y desarrollo web contamos dónde la usamos concretamente.
No hay que elegir entre creatividad humana e inteligencia artificial. Hay algo potente en combinar las dos: IA para explorar, acelerar, probar y llegar más lejos; criterio humano para decidir qué vale la pena conservar, qué necesita ser transformado y qué tiene sentido.
Cuanto más fácil se vuelve producir, más importante se vuelve decidir qué vale la pena producir. El valor se desplaza del resultado al criterio detrás del resultado. Del qué hicimos al por qué lo hicimos.
Ese es el verdadero Proof of Life. No una biometría, un timestamp ni un formato de archivo. Algo mucho más simple: que detrás de lo que estamos viendo todavía hay alguien que eligió, que descartó, que dudó, que entendió el contexto y que tuvo algo para decir.
Si hay alguien atrás, que se note
Escribinos y del otro lado va a haber una persona.
Si estás por lanzar un producto, o ya estás produciendo contenido y sentís que la marca todavía no está del todo definida, contanos en qué estás. Te decimos qué conviene generar, qué conviene fotografiar de verdad y qué hay que resolver antes de producir la primera pieza.
info@oslo.studio · Desarrollo de marca
Preguntas frecuentes
¿Está mal usar IA para generar contenido de marca?
No. El problema no es la herramienta, es el orden. Si no hay un concepto definido, la IA lo define por vos a partir de referencias ajenas.
¿Qué es el AI slop?
Contenido digital de baja calidad producido en cantidad por inteligencia artificial. Merriam Webster lo eligió palabra del año 2025. No se ve mal: ese es justamente el problema.
¿Se puede usar IA para mostrar un producto que todavía no llegó al país?
Sí, y es útil. El riesgo aparece cuando esas imágenes son lo único que hay y no existe una marca definida detrás.
¿Por qué un feed hecho enteramente con IA puede bajar las ventas?
Porque cuanto mayor es el ticket, mayor es la necesidad de percibir algo real. Sin una persona, una foto propia o una situación concreta, se lee como fachada.
Fuentes
Will.i.am, propuesta del formato .POL, Instagram.
La palabra «slop» se convirtió en el símbolo del hartazgo digital ante la avalancha de contenido generado por inteligencia artificial, Infobae, 20 de diciembre de 2025.